«Dios escucha a quien le alaba. ¡Señor nuestro, a Ti pertenece la alabanza!»
Su lugar en la ṣalāh
sta célebre fórmula litúrgica es pronunciada durante la oración ritual (ṣalāh) al levantarse de la inclinación (rukūʿ) hacia la posición erguida (iʿtidāl). Esta aclamación articula una dinámica de diálogo litúrgico: primero se proclama la certeza de que Dios atiende la devoción humana y, de inmediato, la asamblea responde rindiendo esa alabanza.
Primera parteSamiʿa llāhu li-man ḥamidah
سَمِعَ
Samiʿa
escucha
verbo en tiempo pasado
اللَّهُ
Allāhu
Dios
sujeto de la oración
لِمَنْ
Li-man
a quien · a aquel que
preposición y pronombre relativo
حَمِدَهُ
Ḥamidah
le alaba
verbo ḥamida + sufijo -h («a Él»)
se lee de derecha a izquierda
1
سَمِعَ
سمع
raíz s-m-ʿ
Samiʿa
«oír», «escuchar»
Verbo en tiempo pasado derivado de la raíz s-m-ʿ (samiʿa, «oír» o «escuchar»).
Dimensión teológica coránica: en los análisis de Nicolai Sinai sobre el léxico coránico, el atributo divino de «oír» (samīʿ) no representa un mero conocimiento abstracto, sino una conciencia e interacción viva e inmediata con el mundo. Dios no es un intelecto distante, sino una divinidad que escucha activamente la voz de los creyentes y sus plegarias.
Oyente y sapiente: el Corán suele cerrar los versículos llamando a Dios al-samīʿ al-ʿalīm, «Quien todo lo oye y todo lo sabe», o samīʿ baṣīr, «que oye y ve». Para Sinai, esto concuerda con las afirmaciones coránicas de que Dios tiene rostro y ojos: no es un mero intelecto, sino una consciencia inmediata de lo que acontece, plegarias incluidas.
Oír y obedecer: en el Corán, escuchar no equivale a acatar. Por eso a los creyentes se les atribuye la fórmula samiʿnā wa-aṭaʿnā, «oímos y obedecemos» (Q 2:285, 5:7, 24:51). La respuesta rabbanā wa-laka l-ḥamd es la contrapartida humana del oír divino.
Q 3:38 · 14:39samīʿu l-duʿāʾ — «el que escucha la plegaria»سَمِيعُ الدُّعَاءِ
2
حَمِدَهُ
حمد
raíz ḥ-m-d
Ḥamidah
«le alaba», «le rinde culto»
Formado por el verbo de la raíz ḥ-m-d (ḥamida, «alabar» o «elogiar») y el sufijo pronominal -h («a Él»). Significa literalmente «le alaba» o «le rinde culto».
Conexión con la raíz ḥ-m-d: aunque el verbo simple ḥamida es raro en el texto coránico cuando se dirige a Dios, en esta fórmula litúrgica preserva la acción directa de elogiar o dar gracias al Creador.
Segunda parteRabbanā wa-laka l-ḥamd
رَبَّنَا
Rabbanā
¡Señor nuestro!
vocativo: rabb + sufijo -nā
وَلَكَ
Wa-laka
y a Ti [corresponde]
conjunción y pronombre en segunda persona
الْحَمْدُ
Al-Ḥamd
la alabanza · el loor
sustantivo definido
se lee de derecha a izquierda
3
رَبَّنَا
ربب
rabb
Rabbanā
«¡Señor nuestro!»
Vocativo derivado de rabb («Señor», «Sustentador» o «Maestro») con el sufijo pronominal de primera persona del plural -nā («nuestro»).
4
وَلَكَ
taqdīm · anteposición
Wa-laka
«y a Ti [corresponde]»
Conjunción y pronombre en segunda persona. La estructura sintáctica antepone el pronombre (taqdīm) para enfatizar exclusividad: no solo «a Ti», sino «únicamente a Ti».
5
الْحَمْدُ
حمد
raíz ḥ-m-d
Al-Ḥamd
«la alabanza», «el loor»
Sustantivo definido. Se conecta directamente con la gran aclamación doxológica que abre el Corán y con las fórmulas de soberanía divina.
Antes del Corán: al-ḥamdu li-llāhi (23 veces en el Corán) arabiza el griego doxa tō theō o el siríaco teshbūḥtā l-allāhā. Ya figura en la poesía preislámica, también en el poeta cristiano ʿAdī ibn Zayd, y la raíz ḥ-m-d se usa para alabar a la divinidad en inscripciones sabeas.
El Digno de alabanza: el Corán llama a Dios al-ghaniyy al-ḥamīd, «el Autosuficiente, el Digno de alabanza», mientras que los hombres son «menesterosos respecto de Dios» (Q 35:15). La alabanza humana reconoce esa asimetría.